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«¿Te molesta que alguien hable mucho?», me preguntaron algo así ayer. Ingenuamente respondí «No, no me molesta, me agrada. Si quiere hablar que hable.» Más tarde me di cuenta que fue una indirecta bastante directa, casi rozando el sacasmo con frescura. Yo era ese alguien que hablaba demasiado. Esa misma noche decidí retomar El arte…